Fernando
No puedo negar que me sorprendió el hecho de que Cleo
haya elegido jeans y polera como la mejor tenida para conocer a su familia,
pero más me sorprendió verla salir de su dormitorio con un pantalón de buzo demasiado
holgado para su pequeño cuerpo y una camiseta en colores verdes y amarillos,
con un corte en la parte central que daba un perfecto panorama de la cima de
sus pechos.
-¿Algún deporte?
-Fútbol, amor - como si no hubiese otra posibilidad.
-¿Estás bromeando? ¿Vas a ir así?
-Es día de partido, amor – su labio superior alzándose
con burla – tendrás que acostumbrarte, estoy lista, ahora vamos por un
colectivo.
-Pero tengo mi auto - exclamé mostrándole las llaves,
aunque pareciera ridículo.
-Donde vamos, no puedes ir en eso.
-¿Por qué?
-Porque yo lo digo - alzó las cejas, un gesto de
evidente llamado a qué no me atreviera a contradecirla.
-En taxi - pedí, como último recurso, viéndola cruzar
sus brazos mientras una sonrisa aparecía en sus labios.
-No morirás por compartir en una ocasión un vehículo
con más personas y si sigues poniéndote difícil, entonces voy sola.
-Está bien, digamos que hay que tener nuevas
experiencias en la vida.
Me aseguré de que entrara primero, con tal de dejarla
junto a la puerta del cacharro, donde nadie pudiese tocarla. Sonriendo al
sentir su rostro apoyarse en mi hombro, en silencio, observando el exterior,
las casas haciéndose cada vez más pequeñas, incluso algo más feas y comencé a
comprender el motivo de porqué insistió tanto en ir a pie, no siendo
exactamente la seguridad su preocupación, sino la diferencia de status, ella no
quería que llegara a imponerme a su familia, sino que me aceptaran como un
igual.
-Esta faceta no te la conocía, susurré con la boca
contra su pelo.
-Aún hay secretos para ti – besando mi mejilla - estamos
por llegar - susurró, sacando un billete del bolsillo de su pantalón.
-Yo pago - reclamé, deteniendo su brazo.
-El regreso lo pagas tú - adelantándose en el asiento.
Tomó mi mano y yo la sujeté por la cintura, caminando
por las angostas calles, hasta llegar a la que probablemente era la última casa
de la ciudad, bastante más grande que el resto, incluso un poco apartada, con
un colorido jardín y dos enormes camionetas en la entrada de vehículos.
-Esa - indicándome la de color negro - es la de mi
tío, la roja es de mi primo.
La puerta se
abrió en cuanto cruzamos el ante jardín, como si estuviesen esperándonos, al
menos a ella, un hombre enorme, con una camiseta como la de Cleo, pero que no
alcanzaba a cubrir su grandiosa panza y pantalones cortos, más anchos en sus
piernas que en su cintura. Abrazó a mi novia con tal efusividad que si no fuese
que ella lo llamó “tío” habría comenzado a gruñir en ese mismo instante.
-Cada día estás más linda, mi niña – tomándole el
rostro cariñosamente.
-Gracias, tío – lo besó en la frente - ¿Ya comenzó?
-Hace dos minutos, nada importante aún, pero primero
¿Este quién es? – murmuró apuntándome con la mirada.
-Él es Fernando – tomando mi mano con suavidad – mi
novio – el hombre me observó con detenimiento, su pelo comenzaba a ser cano en
las sienes y parecía respirar con dificultad, observando el sudor correr por su
cuello.
-Bueno, si doblegaste a mi niña, es que debes valer la
pena – exclamó rodeándome con sus brazos, sintiendo que mis ojos salían de sus
orbitas por el apretón - ¿A qué te dedicas? – dijo al alejarse, con el ceño
fruncido e indicándome con su dedo.
-De todo un poco – alcancé a decir, sinceramente
intimidado.
-Las conversaciones para después, no quiero perder ni
un minuto más.
Mi chica nos tomó por los brazos, empujándonos al
interior de la casa, donde toda la familia estaba reunida y, exceptuando una
mujer morena de cuerpo menudo caminando hacia nosotros, todos eran hombres y
bastante corpulentos. Cleo no se molestó en presentarnos, tomando mi mano,
corrió hasta el único sofá libre en la sala, empujándome sobre él, para ella
sentarse en mis piernas.
El fútbol no era uno de mis deportes favoritos… en
absoluto y, realmente, no entendía nada de lo que sucedía en la gran pantalla
de plasma, pero sentía mucho gozo de verla saltar con cada gol y gritar de
frustración en otros momentos, acotando comentarios a la discusión que
sostenían sus primos, definitivamente, esta faceta era demasiado divertida.
Cuando todos se pusieron de pie y Cleo tiró de mi
brazo para ir hasta la mesa del comedor, a pocos metros del living, es que
comprendí que el partido había terminado. Todos comían con avidez, enormes
sándwich, gaseosas y frituras; dudaba entre fingir comer o simplemente
encontrar una excusa, notando que ella tampoco comía, sólo se dedicaba a
golpear los brazos de sus primos con furia.
-¿Cómo pudo perder ese penal? No puedo creerlo –
negaba con la cabeza, enérgicamente.
-¡Ahora sí me lo contarán todo! – sentí mi cuerpo
volverse tenso cuando el tío rodeó mis hombros con su brazo.
-¿De qué, tío? No tengo nada que decir – ella se
volvió guiñando un ojo, apegándose a mi cuerpo.
-Oh, llevas tiempo toda extraña y triste, para
aparecer con esa sonrisa y este chico carita de bien.
-Hace un tiempo que nos conocemos, pero desde hoy
somos novios – con cierto alivio vi a los chicos desaparecer por la puerta
trasera, de reojo noté a la señora limpiando loza en la cocina.
-Estoy seguro que te he visto en alguna parte, chico –
su ceño fruncido me hizo empequeñecer, como si me hubiese descubierto en una
pillería.
-No creo que en las cosas malas que estás pensando,
tío, Fernando es un buen chico – ella besó mi mejilla y creo que estuve a punto
de ruborizarme ¿Esto era lo que se sentía cuando conocías a tu suegro? Como si
de él dependiera el futuro de toda mi felicidad, lo peor, es que por primera
vez estaba seguro de que mis encantos no surtirían mayor efecto.
-¿Tú papá lo aprobaría? – y una ola de tristeza
atravesó mi pecho, presionándola contra mí con más fuerza.
-A él nadie le parecería suficiente, siquiera es
trabajador, el único valor que él habría podido apreciar – la sonrisa del
hombre se dulcificó.
-¿En qué trabajas?
-Administro una empresa – susurré.
-¿Propia? – su ceño se frunció.
-De mi familia – respiré hondo, en un extraño intento
por parecer más alto, aunque él era más pequeño, seguramente su volumen causaba
esa imposición.
-¿Rubro?
-Comercio, principalmente – sonreí al encogerme de
hombros.
-¡Irigoyen! – exclamó golpeando mi pecho con su gordo
dedo – yo sabía que te había visto, eras un chiquillo, pero esa mirada es…
única… siempre me gustaste, atento, dispuesto – sonrió – con tu padre tuvimos
tratos por muchos años, hasta que me fui con alguien que ofrecía más.
-Yo… no lo recuerdo.
-Camiones, hijo, yo era el transportista.
-¡Claro! – también sonreí - lo recuerdo, papá estaba
tan molesto – y la respiración volvió a ser normal.
-Tengo unos camiones disponibles – golpeó mi brazo
suavemente – quizás podríamos…
-¡Tíiiiia! – ambos nos volvimos ante el grito de mi
novia, observando cómo en la periferia aparecía la mujer de rostro amable - ¡Le
está hablando de negocios a mi novio!
-Tú sabes cuáles son las reglas, Pepe, nada de trabajo
el fin de semana, no queremos otro infarto.
-Mujeres exageradas – palmoteaba con la mano – sólo
iba a proponerle una reunión durante la semana, además, seré prácticamente su
suegro – alzó las cejas con una extraña sonrisa en sus labios – debemos
conocernos bien si voy a confiarle a mi única niña.
-Llámeme a la oficina y nos ponemos de acuerdo – mordí
la punta de mi lengua suavemente, casi sobresaltándome cuando lo sentí
acercarse.
-Sólo debo advertirte, que tengas cuidado con esta
niña, gasta más que camioneta americana, hay que mantenerla vigilada.
-Ya, basta, tío, me avergüenzas.
-Esa es la idea, mi niña – rió, presionando sus
mejillas, mientras la mujer acariciaba su pelo – y eso que no le he mostrado
las fotos de trenzas.
-Y no sabe cómo me gustaría verlas – exclamé, riendo
al notar el ceño fruncido de mi chica, sorprendiéndome al sentir de pronto que
era arrastrado hasta el otro lado de la casa, tragando saliva al pensar que
perdería preciosos minutos de estar con ella.
-Tranquilo, chico, su tía debe estar muerta de
curiosidad, a las mujeres les encanta esto de compartir los detalles.
-¡Ups! – se me escapó mientras utilizaba la silla
delante del escritorio que él me indicó, viéndolo negar con la cabeza mientras
sacaba dos heladas cervezas de un frigo bar.
Mis ojos se desviaban hacia la puerta cada cinco
segundos, suspirando mientras intentaba mantener la sonrisa, aunque no podía
negar que el hombre era agradable, hablando de los viejos tiempos,
preguntándome hasta el último detalle de mis nuevas incursiones mercantiles y,
claro, sacando el álbum de fotos de un estante mientras engullía un par de
chocolatines ocultos en un cajón.
-¡Tío! – los dos nos volvimos asustados, yo cerrando
el libro de golpe y, mi socio, tirando los restos de su golosina en la basura,
aunque las marcas en sus labios no ayudaban nada a ocultar su bribonada.
-Sólo era uno ¿Cierto, Fernando? – fruncí los ojos.
-Estoy de testigo – exclamé luciendo mi mejor sonrisa
culpable.
-Debe cuidarse ¿Qué sería de mi tía si…?
-Los discursos, para el funeral – se levantó con
dificultad – voy a tomar mi siesta unos minutos, te lo devuelvo sano y salvo.
-Gracias – sus hermosos labios se fruncieron, pensando
miles de cosas que seguramente él no me permitiría pronunciar.
-Lo de siempre – dijo el más gordo, estirándole un
sobre con una sonrisa – es un gusto hacer tratos contigo, sobrina y tú,
Fernando, te llamaré para reunirnos en la semana – dio la vuelta al escritorio
y palmeó nuestros hombros – espero verlos juntos el próximo mes.
Entre despedidas llenas de risa, más abrazos y una
buena cuota de conversación, se nos fue la siguiente hora y media.
-Esta experiencia no desaparecerá tan fácil de mi
mente – susurré en su cuello, manteniendo su cuerpo abrazado mientras el chofer
del taxi, que ella insistió en llamar, nos conducía de regreso a su
departamento.
-Son demasiado… terribles – rió, acariciando mi
rostro.
-Pero son… reales – sonreí cuando sus ojos buscaron
los míos – aún así, fue… agotador... no sé qué prefiero.
-Yo sé que prefiero una ducha – besó la punta de mi
nariz - ¿Te quedarás conmigo esta noche?
-¿Quieres que me quede?
-Siempre, ya no quiero ser libre.
-Entonces debemos ir de compras – dije con rostro
pensativo – por lo menos un cepillo de dientes – pero no pude resistir más el
estrujarla con fuerza – adoro escucharte decir este tipo de cosas.
-¿Puedo decirte que te amo? – susurró en mi oído,
provocando un escalofrío cuando la punta de su lengua recorrió el borde de mi
oreja.
-Nunca dejes de hacerlo.
Todo era tan normal, almorzar juntos, a veces en mi
oficina otras en algún local, enviarnos mensajes, miles de ellos, intentando
acortar las horas de espera antes de volvernos a ver, disfrutar de verla
cocinar, mientras comentábamos el día, ver televisión juntos, aunque rara vez
llegábamos al final de la película, hacerle el amor cada noche, sentir su piel
junto a la mía cuando en alguna ocasión despertaba con los sonidos de la calle,
sin saber dónde estaba. Ella me calmaba, me hacía sentir importante, amado,
como nunca pensé que me sentiría.
Lo malo, porque siempre había algo negativo, eran las
despedidas, llegado el amanecer, mi pecho apretujándose al salir de la cama,
cada mañana, intentando que en esta ocasión no se despertara, no me diera su
mirada de “No tienes que hacerlo, no hay
necesidad de complacerla”
-Es mi madre – reclamé en una ocasión – no espero que
lo entiendas, tu vida es tan disfuncional – y presioné los labios en busca de
una disculpa que no pude encontrar – quizás cuando seas madre podrás
comprender.
-Estaré muy ocupada el día de hoy – murmuró - te
llamaré si puedo salir a almorzar.
Me duché, en el baño que ya no sentía mío, vestí de
traje y restregué mi rostro para seguir con la charada de cada mañana.
-Buenos días, hijo – mamá besando mis mejillas - ¿Cómo
has dormido?
-Bien, gracias y ustedes – ocupando mi lugar, a la
izquierda de papá.
-De maravillas, sólo es una lástima que el invierno
esté llegando de improviso.
-Nunca te ha gustado el frío.
-¿Te sientes bien? Te ves pálido, quizás debas tomar
alguna clase de multi vitamínico o cambiar tu cama, la tienes de hace tantos
años – fijé mis ojos en ella, tratando de contener el deseo de gritar – voy a
llamar al diseñador, tu dormitorio necesita ser remodelado, te llamaré cuando
tenga una cita.
-Está bien así.
-Oooh, mi niño, no seas modesto.
-Bea, no insistas – susurró papá.
-Está bien – dio por terminada su ensalada de frutas –
no olvides que el sábado es la gala en el club.
-Lo sé.
-Tengo una sorpresa para ti.
-No me gustan las sorpresas – dejé caer el tenedor,
saltando ante el fuerte ruido de la porcelana, con la comida intacta.
-Entonces te lo diré ahora – su rostro lleno de una
risa suspicaz – recuerdas a Marina…
-Hija de los Solar, perfectamente.
-Regresó de su postgrado, está divina y con muchos
deseos de verte.
-Mamá, por favor – susurré, realmente incapaz de
comenzar una discusión, no cuando sentía mi garganta arder de tantos deseos de
gritar.
-Beatriz, estás pasando los límites – ella lo fulminó
con la mirada y yo aproveché la ocasión para huir, antes de cometer un crimen.
Olvidándome del lavado de dientes y lo que fuera que
tuviese que buscar en mi estudio, corrí a la salida, entrando en mi auto con
agilidad y acelerando sin pensar. Me orillé un par de kilómetros más allá,
tomando el teléfono de mi bolsillo, observando las palabras “mi amor” en la
pantalla, sin dudar en darle a llamar. No hubo respuesta y luego el buzón de
voz.
-Lo siento, lo siento, mi amor, no puedo soportar la
idea de que estemos mal, yo sólo… perdóname, Cleo, es sólo que quizás saber que
te molesta tanto como a mí me duele tener que dejarte cada mañana… no debí
decirte eso, sólo llámame cuando podamos hablar… te amo, te amo.
A media mañana su celular estaba apagado y Campari me
informó que llamó para decir que estaba indispuesta, no se había presentado a
trabajar.
-Pensé que lo sabías – murmuró y me apronté a mentir.
-Ayer estaba bien, gracias, iré a verla.
Permanecí en mi sillón de cuero, con los ojos cerrados
y ese antiguo dolor en la boca del estómago. Tres meses, sólo eso y ya lo había
arruinado, mi primera relación verdadera y se iba al traste por una estúpida
frase mal dicha, mal pensada. El celular vibró y mi corazón se lanzó en una
carrera dentro de mi pecho, al mirar de quién era la llamada perdida, Paula.
-¿Estás con ella?
-No, está en el departamento, sola, pero está bien,
sólo dale espacio… por unas horas.
-Me odia – murmuré y pude adivinar la sonrisa en ella.
-No, cómo crees, sólo tocaste una fibra sensible –
suspiramos - ¿Hay alguna posibilidad de que eso cambie?
-Lo siento.
-Entiendo, pero… ella también debe entender, ya verás
que cuando llegues por la noche estará con otra actitud, nunca ha tenido un
buen despertar.
-¿Estás segura?
-Sólo tranquilízate.
De todos modos el resto del día fue una tortura, con
tanto trabajo y mi cabeza en otro lado, la noche llegó y recién pude tomar mis
cosas y partir. Usé mi llave para abrir, aunque en un momento pensé que no
sería lo adecuado, las luces estaban apagadas y, avanzando hasta el dormitorio,
noté el armario abierto y el reflejo que se escapaba por la puerta en el fondo.
-¿Cleo? – tomé el pomo con duda, pero decidí esperar,
regresando mis pasos, dejando mis cosas en la silla y recostándome sobre la
cama, luego de encender el televisor.
-Shhh – mis ojos se negaban a funcionar, sintiendo
cómo mi cuerpo aletargado era desnudado cuidadosamente.
-Lo siento – gemí, porque eran las únicas palabras que
vinieron a mi mente.
-Tranquilo, sólo descansa – me hizo rodar por la cama
hasta dejarme cubierto por las mantas, sólo entonces pude distinguirla, aunque
la luz hiriera mis pupilas, su pelo tomado en una coleta, ropa deportiva y una
sonrisa.
-Mataría por verte siempre sonreír – y su beso en mi
frente.
-Volveré en un minuto, mi amor – asentí, sintiendo el
modo en que mi cabeza volvía a girar, hundiéndome en el sueño otra vez.
La alarma se escuchaba tan lejana, pero no por eso
inexistente y sonreí, comprendiendo que estaba de espaldas en la cama y ella
descansaba sobre mi pecho.
-No quiero despertar – susurré, levantando mi mano
para acariciar su pelo.
-Sigamos durmiendo – contestó, besando la piel de mi
pecho.
-¿Me perdonas? – aventuré, demasiado consciente de lo
que significaría una respuesta negativa.
-No debí presionarte.
-No te culpes – sus dedos se deslizaron por mi torso
con electrizante suavidad.
-Te deseo – y mi boca reaccionó al tacto de sus
labios, a sus manos ahuecando lo que también había despertado en mis caderas.
-Cleo – alcancé a decir antes de que la cordura
desapareciera por completo – eres lo más importante en mi vida.
Desperté sobresaltado, con un montón de recuerdos
latentes en mi cuerpo, demasiado solo y frío para que hubiesen sido ciertos. La
lluvia golpeaba los vidrios y la luz del día apenas entraba por la ventana y su
olor, sonreí, toda ella impregnando la almohada, mi piel. ¡Mierda! ¡Es martes y
sigo aquí! Me senté en la cama y el mediodía parecía gritar en el reloj ¿Cómo
es que mi celular no pitaba como loco? Y entonces la vi, su nota doblada sobre
el velador, como en los viejos tiempos.
“Estás enfermo y Sergio dijo que te llamaría si era
necesario. Regreso al mediodía, estoy en el gimnasio, traeré algo de almuerzo
¡Ah! Jaime me dio el día libre… Te amo”
Salté de la cama, con la intención de ir al baño,
pero, tal como si fuera un pequeño niño intruso, me desvié hacia el armario y,
esta vez, la puerta del fondo estaba abierta, dudé, cerrando los ojos,
intentando identificar si la curiosidad era tan fuerte o sólo debía esperar a
que ella quisiera contarme la verdad, suspiré y volví a cerrar, corriendo a mi
destino inicial, largué el agua que se calentaba en el mismo instante en que
ella cruzaba la puerta.
-Buenos días, dormilón.
-Estás loca – la besé, comenzando a desnudarla – pero
debo agradecértelo, realmente necesitaba descansar, creo que si hubiese dormido
lo suficiente, ayer, no habría dicho lo que dije – nuestras miradas se
encontraron, con el agua chorreando sobre nosotros.
-Te perdono, si es tan importante para ti, tampoco
volveré a insistir, es tu familia, tienes razón, como sean, es obvio que debes
amar a tu madre.
-¿Realmente quieres ir a la fiesta el sábado? No es
una obligación, si te sentirás incómoda, yo sólo podría estar un par de horas y
luego regresar a ti.
-Es parte de ti – fruncí el ceño, con su mano en mi
mejilla – te amo tal cual eres, no ir a esa fiesta es pretender que no
perteneces a ese mundo y, aunque no me agrade, así me enamoré de ti –
suspiramos – el domingo podemos ir a casa de Diana otra vez y aprovechamos de
criticar a todos.
-Me parece sensacional, después de todo, la última vez
supiste perfectamente cómo defenderte de esas viejas que querían comerte viva.
-Y eso que no escuchaste a las niñas que querían saber
cómo eras en la cama.
-El comedor, el auto, la escalera de incendios.
-Tu oficina, los probadores del centro comercial –
sonreímos.
-¿Quieres volver a comprobar cómo soy en la ducha?
-Y luego en la cocina.
-Excelente idea.
-Además, me encanta cuando me besas delante de todos,
aunque aún sigan dudando si realmente me amas o es solo por calentura.
-¿Esta noche aún será sólo de chicas?
-Es martes, amor, sólo mujeres y el naipe, tú te
diviertes con tus amigos ¿No?
-Claro – Sebastián no se junta con nosotros porque aún
se siente avergonzado, sobre todo desde que Ivana lo rechazó “temporalmente” y
con Ricardo, bueno, en realidad, si nuestras mujeres se están divirtiendo
juntas en casa de Paula, a los dos no nos queda más que beber cerveza y simular
que el rugby sigue siendo entretenido, no más juergas hasta el amanecer, ni
cacería de chicas en sitios de mala muerte – noche de machos también ¡Yupii!
-Tienes exactamente cinco minutos para lavar nuestros
cuerpos antes de que decida comenzar a besarte.
-Sí, ama, como usted diga – apresurándome a tomar el
frasco del shampoo y masajear su cuero cabelludo - ¿Sabes que eres la chica más
hermosa que he conocido?

6 comentarios:
muchas gracias por darte el tiempo para seguir escirbiendo esta historia me atrapa tanto, es hermoso como ellos se aman y aunque aun quedan secretos es importante la confianza y la entrega de los dos. gracias y nos leemos pronto.
Gracias por el capi... ya extrañaba a esta pareja.
Beatriz cada día me cae peor, va a acabar con su hijo... Dios!!! el amor de madre no le permite ver el daño que le hace... decepcionante.
Besos, cuídate.
Nos leemos.
hla Rocio!
muchas gracias por este cap.. se que debe ser dificil escribir... pero muchas gracias esta historia me fascina..
al fin feña conoce un poco la familia de cleo, y me encanto que su tio o tomara tan bien, me gusto esa confianza y esa tierna manera de tratarlo..
beatriz, beatriz ahg que mujer, es que no se cansa? agota a su hijo con todo lo que hace, desde presentarles chicas, hasta el cuarto? eso es algo muy privado e intimo, se supone que es el espacio de feña y que si el quiere lo cambian y si no no..
me gusta la relacion de ambos es genial ver que despues de tanto tiempo al fin pueden estar juntos, amandose y cuidandose mutuamente,,
nos estamos leyendo... bss
Que bn que sigas publicando..!!
Me gusto que ella lo mezclara de pueblo, asi le decimos a esa clase de personas q no andan en bus...
Y el tio jeje es un personaje, defendiendo a su sobrina, pero a la vez mostrandole las fotos de niña...Jajaja
Y bueno la pequeña pelea, es normal, creo que ahora esa seria el tema de discusion de ellos, la mama de el.
Ahora que pasara en esa fiesta? Con la mama de Feña queriendo buscarle novia y teniendola a ella ahi...
Me alegra que saques un ratico para seguir publicando... Espero el proximo para saber que mas pasa...Besitos!!
me encanta cada vez mas que bella historia y que trama esa vieja me tiene de cabeza por DIOS fernando madura y manda a esa vieja pa la porra una cosa es ser su mama pero otra ser un esclavo esa vieja cae tan mal pero tan mal que hasta el nombre me repugna grrrrrrr vieja loca y el pense que iba a madurar un poco pero que va ama a cleo pero la trato mal que le pasa se que el no sabe su secreto yo creo saber cual es pero no lo voy a contar por aqui para que sea sorpresa jejej tal vez la sorpresa me la lleve yo? jejeje bueno por lo demas ya ha pasado 3 meses? que bello son juntos me encanta ojala sigan asi y esa vieja no consiga lo que se propone yyyy hayyy que va a pasar en esa fiesta? con esa tal marina???sera tan bella como cleo o mas???o sera tan manipuladora como la vieja esa??/DIOS y si se encompincha con esa vieja para hacerle la vida a cuadritos a cleo ////???? me voy a volver loca con tantas preguntas rocio y ademas esta el viejo ese el medico como es que se llamaba dejame ver uhhmmmmm ahhh creo que era hernan seguira callado o tambien le hara la vida insoportable grrrr espero que aguanten que el amor los fortalezca y que confien entre ellos para que dure ya quiero seguir leyendo jejejej gracias rocio por tener tiempo por querer compartir tu historia gracias un besote y abrazote.....jennileone
Hola Rocio perdón por la tardanza... la escuela me tiene a mil y no había visto que publicaste un nuevo capitulo, es que ahora mi face no me aviso y es por eso que no me cuenta... pero ya esta mi comment...
Sabes que me encanta esta historia, pero lo que no puedo creer es que por fin has dado un detalle casi abierto del pasado de Cleo y nadie se diera cuenta.
Me encanto el berrinche que hizo Fer cuando Cleo le dijo que no podia llevar su auto, a veces los hombres son tan infantiles, pero lo bueno es que se dio cuenta de cual era la verdadera razon... queria que entrara en su familia como alguien igual a los suyos y que lo aceptaran tal y como es... aunque no sirvio de mucho, mira que el mundo es muy pequeño y que el tio reconoce a Fernando... me encanto y me sorprendio, y bueno tambien ver como su tio defiende a Cleo fue muy lindo, aunque despues la avergonzara un poco mostrandole las fotos de cuando era niña... pero que eso es tipico en los padres y en este caso sus tios que son su familia mas cercana...
Por otra parte cada vez me cae mas mal que Bea siempre se meta en la vida de su hijo que es que no ve que ya crecio, que es capaz de tomar sus propias decisiones aunque a ella no le gusten... debe respertar su espacio sus gustos aunque no le parezcan bien las cosas, debe apreder que su hijo debe cometer sus propios errores para que asi aprenda de la vida y no que ella solucione la vida de su hijo.. se que tal vez solo quiere lo mejor para el, y que no quede mal ante a sociedad,por que de que habalan y juzgan mal a Cleo lo hacen, pero primero deberian ver sus vida y mejorarlas... ya quiero ver la cara que van a poner Cleo y Bea en la fiesta con la dichosa muchachita... a ver que pasa tu siempre me sorprendes
Fernando es un buen tipo despues de su pelea le da el espacio que necesita y cuando la puerta esta abierta...por un momento crei que entraria pero, no lo hizo aunque lo comieran las ancias, y es porque es un caballero antes que nada y respeta su intimidad, sabe claro que ella tiene un pasado y que si algun dia se lo cuenta se sentira dichoso por que en ese momento habra mas cofianza.. y por dios diste detalles y no puedo creer que nadie se diera cuenta... nadie comento sobre eso... bueno yo no comentare tampoco mucho, pero si me di cuenta de la pista...
Muchisimas gracias por tomarte tu tiempo para publicar el capitulo y de verdad lamento no haberlo visto antes que esta buenisimo...
te quiero mucho...gracias por ser mi amiga..
besitos..
hasta la proxima byebye.
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