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sábado, 11 de febrero de 2012

Más que Atracción 21. Conociéndonos



Fernando
No puedo negar que me sorprendió el hecho de que Cleo haya elegido jeans y polera como la mejor tenida para conocer a su familia, pero más me sorprendió verla salir de su dormitorio con un pantalón de buzo demasiado holgado para su pequeño cuerpo y una camiseta en colores verdes y amarillos, con un corte en la parte central que daba un perfecto panorama de la cima de sus pechos.
-¿Algún deporte?
-Fútbol, amor - como si no hubiese otra posibilidad.
-¿Estás bromeando? ¿Vas a ir así?
-Es día de partido, amor – su labio superior alzándose con burla – tendrás que acostumbrarte, estoy lista, ahora vamos por un colectivo.
-Pero tengo mi auto - exclamé mostrándole las llaves, aunque pareciera ridículo.
-Donde vamos, no puedes ir en eso.
-¿Por qué?
-Porque yo lo digo - alzó las cejas, un gesto de evidente llamado a qué no me atreviera a contradecirla.
-En taxi - pedí, como último recurso, viéndola cruzar sus brazos mientras una sonrisa aparecía en sus labios.
-No morirás por compartir en una ocasión un vehículo con más personas y si sigues poniéndote difícil, entonces voy sola.
-Está bien, digamos que hay que tener nuevas experiencias en la vida.
Me aseguré de que entrara primero, con tal de dejarla junto a la puerta del cacharro, donde nadie pudiese tocarla. Sonriendo al sentir su rostro apoyarse en mi hombro, en silencio, observando el exterior, las casas haciéndose cada vez más pequeñas, incluso algo más feas y comencé a comprender el motivo de porqué insistió tanto en ir a pie, no siendo exactamente la seguridad su preocupación, sino la diferencia de status, ella no quería que llegara a imponerme a su familia, sino que me aceptaran como un igual.
-Esta faceta no te la conocía, susurré con la boca contra su pelo.
-Aún hay secretos para ti – besando mi mejilla - estamos por llegar - susurró, sacando un billete del bolsillo de su pantalón.
-Yo pago - reclamé, deteniendo su brazo.
-El regreso lo pagas tú - adelantándose en el asiento.
Tomó mi mano y yo la sujeté por la cintura, caminando por las angostas calles, hasta llegar a la que probablemente era la última casa de la ciudad, bastante más grande que el resto, incluso un poco apartada, con un colorido jardín y dos enormes camionetas en la entrada de vehículos.
-Esa - indicándome la de color negro - es la de mi tío, la roja es de mi primo.
La  puerta se abrió en cuanto cruzamos el ante jardín, como si estuviesen esperándonos, al menos a ella, un hombre enorme, con una camiseta como la de Cleo, pero que no alcanzaba a cubrir su grandiosa panza y pantalones cortos, más anchos en sus piernas que en su cintura. Abrazó a mi novia con tal efusividad que si no fuese que ella lo llamó “tío” habría comenzado a gruñir en ese mismo instante.
-Cada día estás más linda, mi niña – tomándole el rostro cariñosamente.
-Gracias, tío – lo besó en la frente - ¿Ya comenzó?
-Hace dos minutos, nada importante aún, pero primero ¿Este quién es? – murmuró apuntándome con la mirada.
-Él es Fernando – tomando mi mano con suavidad – mi novio – el hombre me observó con detenimiento, su pelo comenzaba a ser cano en las sienes y parecía respirar con dificultad, observando el sudor correr por su cuello.
-Bueno, si doblegaste a mi niña, es que debes valer la pena – exclamó rodeándome con sus brazos, sintiendo que mis ojos salían de sus orbitas por el apretón - ¿A qué te dedicas? – dijo al alejarse, con el ceño fruncido e indicándome con su  dedo.
-De todo un poco – alcancé a decir, sinceramente intimidado.
-Las conversaciones para después, no quiero perder ni un minuto más.
Mi chica nos tomó por los brazos, empujándonos al interior de la casa, donde toda la familia estaba reunida y, exceptuando una mujer morena de cuerpo menudo caminando hacia nosotros, todos eran hombres y bastante corpulentos. Cleo no se molestó en presentarnos, tomando mi mano, corrió hasta el único sofá libre en la sala, empujándome sobre él, para ella sentarse en mis piernas.
El fútbol no era uno de mis deportes favoritos… en absoluto y, realmente, no entendía nada de lo que sucedía en la gran pantalla de plasma, pero sentía mucho gozo de verla saltar con cada gol y gritar de frustración en otros momentos, acotando comentarios a la discusión que sostenían sus primos, definitivamente, esta faceta era demasiado divertida.
Cuando todos se pusieron de pie y Cleo tiró de mi brazo para ir hasta la mesa del comedor, a pocos metros del living, es que comprendí que el partido había terminado. Todos comían con avidez, enormes sándwich, gaseosas y frituras; dudaba entre fingir comer o simplemente encontrar una excusa, notando que ella tampoco comía, sólo se dedicaba a golpear los brazos de sus primos con furia.
-¿Cómo pudo perder ese penal? No puedo creerlo – negaba con la cabeza, enérgicamente.
-¡Ahora sí me lo contarán todo! – sentí mi cuerpo volverse tenso cuando el tío rodeó mis hombros con su brazo.
-¿De qué, tío? No tengo nada que decir – ella se volvió guiñando un ojo, apegándose a mi cuerpo.
-Oh, llevas tiempo toda extraña y triste, para aparecer con esa sonrisa y este chico carita de bien.
-Hace un tiempo que nos conocemos, pero desde hoy somos novios – con cierto alivio vi a los chicos desaparecer por la puerta trasera, de reojo noté a la señora limpiando loza en la cocina.
-Estoy seguro que te he visto en alguna parte, chico – su ceño fruncido me hizo empequeñecer, como si me hubiese descubierto en una pillería.
-No creo que en las cosas malas que estás pensando, tío, Fernando es un buen chico – ella besó mi mejilla y creo que estuve a punto de ruborizarme ¿Esto era lo que se sentía cuando conocías a tu suegro? Como si de él dependiera el futuro de toda mi felicidad, lo peor, es que por primera vez estaba seguro de que mis encantos no surtirían mayor efecto.
-¿Tú papá lo aprobaría? – y una ola de tristeza atravesó mi pecho, presionándola contra mí con más fuerza.
-A él nadie le parecería suficiente, siquiera es trabajador, el único valor que él habría podido apreciar – la sonrisa del hombre se dulcificó.
-¿En qué trabajas?
-Administro una empresa – susurré.
-¿Propia? – su ceño se frunció.
-De mi familia – respiré hondo, en un extraño intento por parecer más alto, aunque él era más pequeño, seguramente su volumen causaba esa imposición.
-¿Rubro?
-Comercio, principalmente – sonreí al encogerme de hombros.
-¡Irigoyen! – exclamó golpeando mi pecho con su gordo dedo – yo sabía que te había visto, eras un chiquillo, pero esa mirada es… única… siempre me gustaste, atento, dispuesto – sonrió – con tu padre tuvimos tratos por muchos años, hasta que me fui con alguien que ofrecía más.
-Yo… no lo recuerdo.
-Camiones, hijo, yo era el transportista.
-¡Claro! – también sonreí - lo recuerdo, papá estaba tan molesto – y la respiración volvió a ser normal.
-Tengo unos camiones disponibles – golpeó mi brazo suavemente – quizás podríamos…
-¡Tíiiiia! – ambos nos volvimos ante el grito de mi novia, observando cómo en la periferia aparecía la mujer de rostro amable - ¡Le está hablando de negocios a mi novio!
-Tú sabes cuáles son las reglas, Pepe, nada de trabajo el fin de semana, no queremos otro infarto.
-Mujeres exageradas – palmoteaba con la mano – sólo iba a proponerle una reunión durante la semana, además, seré prácticamente su suegro – alzó las cejas con una extraña sonrisa en sus labios – debemos conocernos bien si voy a confiarle a mi única niña.
-Llámeme a la oficina y nos ponemos de acuerdo – mordí la punta de mi lengua suavemente, casi sobresaltándome cuando lo sentí acercarse.
-Sólo debo advertirte, que tengas cuidado con esta niña, gasta más que camioneta americana, hay que mantenerla vigilada.
-Ya, basta, tío, me avergüenzas.
-Esa es la idea, mi niña – rió, presionando sus mejillas, mientras la mujer acariciaba su pelo – y eso que no le he mostrado las fotos de trenzas.
-Y no sabe cómo me gustaría verlas – exclamé, riendo al notar el ceño fruncido de mi chica, sorprendiéndome al sentir de pronto que era arrastrado hasta el otro lado de la casa, tragando saliva al pensar que perdería preciosos minutos de estar con ella.
-Tranquilo, chico, su tía debe estar muerta de curiosidad, a las mujeres les encanta esto de compartir los detalles.
-¡Ups! – se me escapó mientras utilizaba la silla delante del escritorio que él me indicó, viéndolo negar con la cabeza mientras sacaba dos heladas cervezas de un frigo bar.
Mis ojos se desviaban hacia la puerta cada cinco segundos, suspirando mientras intentaba mantener la sonrisa, aunque no podía negar que el hombre era agradable, hablando de los viejos tiempos, preguntándome hasta el último detalle de mis nuevas incursiones mercantiles y, claro, sacando el álbum de fotos de un estante mientras engullía un par de chocolatines ocultos en un cajón.
-¡Tío! – los dos nos volvimos asustados, yo cerrando el libro de golpe y, mi socio, tirando los restos de su golosina en la basura, aunque las marcas en sus labios no ayudaban nada a ocultar su bribonada.
-Sólo era uno ¿Cierto, Fernando? – fruncí los ojos.
-Estoy de testigo – exclamé luciendo mi mejor sonrisa culpable.
-Debe cuidarse ¿Qué sería de mi tía si…?
-Los discursos, para el funeral – se levantó con dificultad – voy a tomar mi siesta unos minutos, te lo devuelvo sano y salvo.
-Gracias – sus hermosos labios se fruncieron, pensando miles de cosas que seguramente él no me permitiría pronunciar.
-Lo de siempre – dijo el más gordo, estirándole un sobre con una sonrisa – es un gusto hacer tratos contigo, sobrina y tú, Fernando, te llamaré para reunirnos en la semana – dio la vuelta al escritorio y palmeó nuestros hombros – espero verlos juntos el próximo mes.
Entre despedidas llenas de risa, más abrazos y una buena cuota de conversación, se nos fue la siguiente hora y media.
-Esta experiencia no desaparecerá tan fácil de mi mente – susurré en su cuello, manteniendo su cuerpo abrazado mientras el chofer del taxi, que ella insistió en llamar, nos conducía de regreso a su departamento.
-Son demasiado… terribles – rió, acariciando mi rostro.
-Pero son… reales – sonreí cuando sus ojos buscaron los míos – aún así, fue… agotador... no sé qué prefiero.
-Yo sé que prefiero una ducha – besó la punta de mi nariz - ¿Te quedarás conmigo esta noche?
-¿Quieres que me quede?
-Siempre, ya no quiero ser libre.
-Entonces debemos ir de compras – dije con rostro pensativo – por lo menos un cepillo de dientes – pero no pude resistir más el estrujarla con fuerza – adoro escucharte decir este tipo de cosas.
-¿Puedo decirte que te amo? – susurró en mi oído, provocando un escalofrío cuando la punta de su lengua recorrió el borde de mi oreja.
-Nunca dejes de hacerlo.
Todo era tan normal, almorzar juntos, a veces en mi oficina otras en algún local, enviarnos mensajes, miles de ellos, intentando acortar las horas de espera antes de volvernos a ver, disfrutar de verla cocinar, mientras comentábamos el día, ver televisión juntos, aunque rara vez llegábamos al final de la película, hacerle el amor cada noche, sentir su piel junto a la mía cuando en alguna ocasión despertaba con los sonidos de la calle, sin saber dónde estaba. Ella me calmaba, me hacía sentir importante, amado, como nunca pensé que me sentiría.
Lo malo, porque siempre había algo negativo, eran las despedidas, llegado el amanecer, mi pecho apretujándose al salir de la cama, cada mañana, intentando que en esta ocasión no se despertara, no me diera su mirada de “No tienes que hacerlo, no hay necesidad de complacerla”
-Es mi madre – reclamé en una ocasión – no espero que lo entiendas, tu vida es tan disfuncional – y presioné los labios en busca de una disculpa que no pude encontrar – quizás cuando seas madre podrás comprender.
-Estaré muy ocupada el día de hoy – murmuró - te llamaré si puedo salir a almorzar.
Me duché, en el baño que ya no sentía mío, vestí de traje y restregué mi rostro para seguir con la charada de cada mañana.
-Buenos días, hijo – mamá besando mis mejillas - ¿Cómo has dormido?
-Bien, gracias y ustedes – ocupando mi lugar, a la izquierda de papá.
-De maravillas, sólo es una lástima que el invierno esté llegando de improviso.
-Nunca te ha gustado el frío.
-¿Te sientes bien? Te ves pálido, quizás debas tomar alguna clase de multi vitamínico o cambiar tu cama, la tienes de hace tantos años – fijé mis ojos en ella, tratando de contener el deseo de gritar – voy a llamar al diseñador, tu dormitorio necesita ser remodelado, te llamaré cuando tenga una cita.
-Está bien así.
-Oooh, mi niño, no seas modesto.
-Bea, no insistas – susurró papá.
-Está bien – dio por terminada su ensalada de frutas – no olvides que el sábado es la gala en el club.
-Lo sé.
-Tengo una sorpresa para ti.
-No me gustan las sorpresas – dejé caer el tenedor, saltando ante el fuerte ruido de la porcelana, con la comida intacta.
-Entonces te lo diré ahora – su rostro lleno de una risa suspicaz – recuerdas a Marina…
-Hija de los Solar, perfectamente.
-Regresó de su postgrado, está divina y con muchos deseos de verte.
-Mamá, por favor – susurré, realmente incapaz de comenzar una discusión, no cuando sentía mi garganta arder de tantos deseos de gritar.
-Beatriz, estás pasando los límites – ella lo fulminó con la mirada y yo aproveché la ocasión para huir, antes de cometer un crimen.
Olvidándome del lavado de dientes y lo que fuera que tuviese que buscar en mi estudio, corrí a la salida, entrando en mi auto con agilidad y acelerando sin pensar. Me orillé un par de kilómetros más allá, tomando el teléfono de mi bolsillo, observando las palabras “mi amor” en la pantalla, sin dudar en darle a llamar. No hubo respuesta y luego el buzón de voz.
-Lo siento, lo siento, mi amor, no puedo soportar la idea de que estemos mal, yo sólo… perdóname, Cleo, es sólo que quizás saber que te molesta tanto como a mí me duele tener que dejarte cada mañana… no debí decirte eso, sólo llámame cuando podamos hablar… te amo, te amo.
A media mañana su celular estaba apagado y Campari me informó que llamó para decir que estaba indispuesta, no se había presentado a trabajar.
-Pensé que lo sabías – murmuró y me apronté a mentir.
-Ayer estaba bien, gracias, iré a verla.
Permanecí en mi sillón de cuero, con los ojos cerrados y ese antiguo dolor en la boca del estómago. Tres meses, sólo eso y ya lo había arruinado, mi primera relación verdadera y se iba al traste por una estúpida frase mal dicha, mal pensada. El celular vibró y mi corazón se lanzó en una carrera dentro de mi pecho, al mirar de quién era la llamada perdida, Paula.
-¿Estás con ella?
-No, está en el departamento, sola, pero está bien, sólo dale espacio… por unas horas.
-Me odia – murmuré y pude adivinar la sonrisa en ella.
-No, cómo crees, sólo tocaste una fibra sensible – suspiramos - ¿Hay alguna posibilidad de que eso cambie?
-Lo siento.
-Entiendo, pero… ella también debe entender, ya verás que cuando llegues por la noche estará con otra actitud, nunca ha tenido un buen despertar.
-¿Estás segura?
-Sólo tranquilízate.
De todos modos el resto del día fue una tortura, con tanto trabajo y mi cabeza en otro lado, la noche llegó y recién pude tomar mis cosas y partir. Usé mi llave para abrir, aunque en un momento pensé que no sería lo adecuado, las luces estaban apagadas y, avanzando hasta el dormitorio, noté el armario abierto y el reflejo que se escapaba por la puerta en el fondo.
-¿Cleo? – tomé el pomo con duda, pero decidí esperar, regresando mis pasos, dejando mis cosas en la silla y recostándome sobre la cama, luego de encender el televisor.
-Shhh – mis ojos se negaban a funcionar, sintiendo cómo mi cuerpo aletargado era desnudado cuidadosamente.
-Lo siento – gemí, porque eran las únicas palabras que vinieron a mi mente.
-Tranquilo, sólo descansa – me hizo rodar por la cama hasta dejarme cubierto por las mantas, sólo entonces pude distinguirla, aunque la luz hiriera mis pupilas, su pelo tomado en una coleta, ropa deportiva y una sonrisa.
-Mataría por verte siempre sonreír – y su beso en mi frente.
-Volveré en un minuto, mi amor – asentí, sintiendo el modo en que mi cabeza volvía a girar, hundiéndome en el sueño otra vez.
La alarma se escuchaba tan lejana, pero no por eso inexistente y sonreí, comprendiendo que estaba de espaldas en la cama y ella descansaba sobre mi pecho.
-No quiero despertar – susurré, levantando mi mano para acariciar su pelo.
-Sigamos durmiendo – contestó, besando la piel de mi pecho.
-¿Me perdonas? – aventuré, demasiado consciente de lo que significaría una respuesta negativa.
-No debí presionarte.
-No te culpes – sus dedos se deslizaron por mi torso con electrizante suavidad.
-Te deseo – y mi boca reaccionó al tacto de sus labios, a sus manos ahuecando lo que también había despertado en mis caderas.
-Cleo – alcancé a decir antes de que la cordura desapareciera por completo – eres lo más importante en mi vida.
Desperté sobresaltado, con un montón de recuerdos latentes en mi cuerpo, demasiado solo y frío para que hubiesen sido ciertos. La lluvia golpeaba los vidrios y la luz del día apenas entraba por la ventana y su olor, sonreí, toda ella impregnando la almohada, mi piel. ¡Mierda! ¡Es martes y sigo aquí! Me senté en la cama y el mediodía parecía gritar en el reloj ¿Cómo es que mi celular no pitaba como loco? Y entonces la vi, su nota doblada sobre el velador, como en los viejos tiempos.
“Estás enfermo y Sergio dijo que te llamaría si era necesario. Regreso al mediodía, estoy en el gimnasio, traeré algo de almuerzo ¡Ah! Jaime me dio el día libre… Te amo”
Salté de la cama, con la intención de ir al baño, pero, tal como si fuera un pequeño niño intruso, me desvié hacia el armario y, esta vez, la puerta del fondo estaba abierta, dudé, cerrando los ojos, intentando identificar si la curiosidad era tan fuerte o sólo debía esperar a que ella quisiera contarme la verdad, suspiré y volví a cerrar, corriendo a mi destino inicial, largué el agua que se calentaba en el mismo instante en que ella cruzaba la puerta.
-Buenos días, dormilón.
-Estás loca – la besé, comenzando a desnudarla – pero debo agradecértelo, realmente necesitaba descansar, creo que si hubiese dormido lo suficiente, ayer, no habría dicho lo que dije – nuestras miradas se encontraron, con el agua chorreando sobre nosotros.
-Te perdono, si es tan importante para ti, tampoco volveré a insistir, es tu familia, tienes razón, como sean, es obvio que debes amar a tu madre.
-¿Realmente quieres ir a la fiesta el sábado? No es una obligación, si te sentirás incómoda, yo sólo podría estar un par de horas y luego regresar a ti.
-Es parte de ti – fruncí el ceño, con su mano en mi mejilla – te amo tal cual eres, no ir a esa fiesta es pretender que no perteneces a ese mundo y, aunque no me agrade, así me enamoré de ti – suspiramos – el domingo podemos ir a casa de Diana otra vez y aprovechamos de criticar a todos.
-Me parece sensacional, después de todo, la última vez supiste perfectamente cómo defenderte de esas viejas que querían comerte viva.
-Y eso que no escuchaste a las niñas que querían saber cómo eras en la cama.
-El comedor, el auto, la escalera de incendios.
-Tu oficina, los probadores del centro comercial – sonreímos.
-¿Quieres volver a comprobar cómo soy en la ducha?
-Y luego en la cocina.
-Excelente idea.
-Además, me encanta cuando me besas delante de todos, aunque aún sigan dudando si realmente me amas o es solo por calentura.
-¿Esta noche aún será sólo de chicas?
-Es martes, amor, sólo mujeres y el naipe, tú te diviertes con tus amigos ¿No?
-Claro – Sebastián no se junta con nosotros porque aún se siente avergonzado, sobre todo desde que Ivana lo rechazó “temporalmente” y con Ricardo, bueno, en realidad, si nuestras mujeres se están divirtiendo juntas en casa de Paula, a los dos no nos queda más que beber cerveza y simular que el rugby sigue siendo entretenido, no más juergas hasta el amanecer, ni cacería de chicas en sitios de mala muerte – noche de machos también ¡Yupii!
-Tienes exactamente cinco minutos para lavar nuestros cuerpos antes de que decida comenzar a besarte.
-Sí, ama, como usted diga – apresurándome a tomar el frasco del shampoo y masajear su cuero cabelludo - ¿Sabes que eres la chica más hermosa que he conocido?
-Tú… no estás nada mal - exclamó con su risa malvada.


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6 comentarios:

karol dijo...

muchas gracias por darte el tiempo para seguir escirbiendo esta historia me atrapa tanto, es hermoso como ellos se aman y aunque aun quedan secretos es importante la confianza y la entrega de los dos. gracias y nos leemos pronto.

Paola Isabel dijo...

Gracias por el capi... ya extrañaba a esta pareja.
Beatriz cada día me cae peor, va a acabar con su hijo... Dios!!! el amor de madre no le permite ver el daño que le hace... decepcionante.
Besos, cuídate.
Nos leemos.

Mell....k dijo...

hla Rocio!
muchas gracias por este cap.. se que debe ser dificil escribir... pero muchas gracias esta historia me fascina..
al fin feña conoce un poco la familia de cleo, y me encanto que su tio o tomara tan bien, me gusto esa confianza y esa tierna manera de tratarlo..
beatriz, beatriz ahg que mujer, es que no se cansa? agota a su hijo con todo lo que hace, desde presentarles chicas, hasta el cuarto? eso es algo muy privado e intimo, se supone que es el espacio de feña y que si el quiere lo cambian y si no no..
me gusta la relacion de ambos es genial ver que despues de tanto tiempo al fin pueden estar juntos, amandose y cuidandose mutuamente,,
nos estamos leyendo... bss

Sary Madera dijo...

Que bn que sigas publicando..!!

Me gusto que ella lo mezclara de pueblo, asi le decimos a esa clase de personas q no andan en bus...

Y el tio jeje es un personaje, defendiendo a su sobrina, pero a la vez mostrandole las fotos de niña...Jajaja

Y bueno la pequeña pelea, es normal, creo que ahora esa seria el tema de discusion de ellos, la mama de el.

Ahora que pasara en esa fiesta? Con la mama de Feña queriendo buscarle novia y teniendola a ella ahi...

Me alegra que saques un ratico para seguir publicando... Espero el proximo para saber que mas pasa...Besitos!!

jennileone dijo...

me encanta cada vez mas que bella historia y que trama esa vieja me tiene de cabeza por DIOS fernando madura y manda a esa vieja pa la porra una cosa es ser su mama pero otra ser un esclavo esa vieja cae tan mal pero tan mal que hasta el nombre me repugna grrrrrrr vieja loca y el pense que iba a madurar un poco pero que va ama a cleo pero la trato mal que le pasa se que el no sabe su secreto yo creo saber cual es pero no lo voy a contar por aqui para que sea sorpresa jejej tal vez la sorpresa me la lleve yo? jejeje bueno por lo demas ya ha pasado 3 meses? que bello son juntos me encanta ojala sigan asi y esa vieja no consiga lo que se propone yyyy hayyy que va a pasar en esa fiesta? con esa tal marina???sera tan bella como cleo o mas???o sera tan manipuladora como la vieja esa??/DIOS y si se encompincha con esa vieja para hacerle la vida a cuadritos a cleo ////???? me voy a volver loca con tantas preguntas rocio y ademas esta el viejo ese el medico como es que se llamaba dejame ver uhhmmmmm ahhh creo que era hernan seguira callado o tambien le hara la vida insoportable grrrr espero que aguanten que el amor los fortalezca y que confien entre ellos para que dure ya quiero seguir leyendo jejejej gracias rocio por tener tiempo por querer compartir tu historia gracias un besote y abrazote.....jennileone

LIRA::: dijo...

Hola Rocio perdón por la tardanza... la escuela me tiene a mil y no había visto que publicaste un nuevo capitulo, es que ahora mi face no me aviso y es por eso que no me cuenta... pero ya esta mi comment...
Sabes que me encanta esta historia, pero lo que no puedo creer es que por fin has dado un detalle casi abierto del pasado de Cleo y nadie se diera cuenta.
Me encanto el berrinche que hizo Fer cuando Cleo le dijo que no podia llevar su auto, a veces los hombres son tan infantiles, pero lo bueno es que se dio cuenta de cual era la verdadera razon... queria que entrara en su familia como alguien igual a los suyos y que lo aceptaran tal y como es... aunque no sirvio de mucho, mira que el mundo es muy pequeño y que el tio reconoce a Fernando... me encanto y me sorprendio, y bueno tambien ver como su tio defiende a Cleo fue muy lindo, aunque despues la avergonzara un poco mostrandole las fotos de cuando era niña... pero que eso es tipico en los padres y en este caso sus tios que son su familia mas cercana...
Por otra parte cada vez me cae mas mal que Bea siempre se meta en la vida de su hijo que es que no ve que ya crecio, que es capaz de tomar sus propias decisiones aunque a ella no le gusten... debe respertar su espacio sus gustos aunque no le parezcan bien las cosas, debe apreder que su hijo debe cometer sus propios errores para que asi aprenda de la vida y no que ella solucione la vida de su hijo.. se que tal vez solo quiere lo mejor para el, y que no quede mal ante a sociedad,por que de que habalan y juzgan mal a Cleo lo hacen, pero primero deberian ver sus vida y mejorarlas... ya quiero ver la cara que van a poner Cleo y Bea en la fiesta con la dichosa muchachita... a ver que pasa tu siempre me sorprendes

Fernando es un buen tipo despues de su pelea le da el espacio que necesita y cuando la puerta esta abierta...por un momento crei que entraria pero, no lo hizo aunque lo comieran las ancias, y es porque es un caballero antes que nada y respeta su intimidad, sabe claro que ella tiene un pasado y que si algun dia se lo cuenta se sentira dichoso por que en ese momento habra mas cofianza.. y por dios diste detalles y no puedo creer que nadie se diera cuenta... nadie comento sobre eso... bueno yo no comentare tampoco mucho, pero si me di cuenta de la pista...
Muchisimas gracias por tomarte tu tiempo para publicar el capitulo y de verdad lamento no haberlo visto antes que esta buenisimo...
te quiero mucho...gracias por ser mi amiga..
besitos..
hasta la proxima byebye.